Viernes Santo, el día de la muerte de la forma corporal de Jesús de Nazaret

Todo lo que debe nacer debe antes morir. Si no hay muerte no hay oportunidad de nazca nada nuevo.

El ejemplo más típico y, sin embargo muy bueno, es el del gusano de seda y la mariposa. Es necesario que muera la forma de gusano. Eso no quiere decir que el gusano muera, pero sí la forma del gusano. El cambio es tan profundo que de ser vivido por nosotros, por nuestra mente pensante, sería vivido con mucho miedo a un cambio que no sabemos dónde nos va a llevar. Pero es necesaria la muerte de la forma del gusano para que nazca la forma de la mariposa.

A nosotras, a nuestras almas, le pasa lo mismo, en el mismo instante del nacimiento. Menos mal que en esos momentos nuestra conciencia egóica aún no está desarrollada, porque si tuviéramos que vivir ahora ese momento, lo haríamos con un miedo atroz, puesto que sentiríamos que morimos. Y así es, muere una forma de vida que ya no tiene sentido, porque da paso a otra forma de vida mejor, que nos da más posibilidad de expresar el Amor que somos, de tomar consciencia de lo que somos en este plano físico.

Jesús no murió. Jesucristo es eterno. Cristo no tiene principio ni fin. No murió. No.

Solo murió la forma en la que se presenta al mundo. No podemos celebrar lo que no fue. Hoy Jesús solo muere en la forma, porque va a dar paso a otra forma mejor. Y no fue el primero, desde el principio de los tiempos esto ha sucedido antes, pues la muerte nunca ha existido, jamás, solo muere el cuerpo y nosotros NO somos el cuerpo. Pero Cristo tiene el mérito de iniciar una nueva era, aquella en la cual sabemos cual es nuestro destino ineludible, y así el se mostró como ejemplo de que, aunque el cuerpo muera, nosotros somos eternos, y por ello, tras su muerte física, se presenta a sus discípulos y discípulos -esos de los que tu y yo formamos parte, nunca lo olvides-, en otra forma transfigurada no corporal. Pero de la resurrección hablaremos el domingo.

Hoy celebramos la muerte de la forma corporal de Cristo. Y eso nos puede traer dolor y tristeza. Debemos ser consciente de que eso también forma parte de la vida, pero como nos han dicho que eso no está alineado con el Amor, pensamos que sentir dolor no es bueno. Y eso no es verdad. No querer sentir dolor es perpetuarlo. Resistirte a una experiencia de dolor, es hacerla más grande, agrandar ese dolor, hasta sacarte de tu centro, de tu Paz, del Amor. Es la resistencia al dolor lo que no está alineada con el Amor, pero una experiencia que te trae dolor debe ser vivida con dolor, y eso está alineado con el Amor y con las ganas que tiene el Ser de vivir una experiencia de dolor que viene para ser vivida, no para ser resistida. Y esto es bueno. Déjate sentir, acepta ese dolor con calma, con Paz, con Amor. Eso hará que la vivas con autenticidad, que baje su intensidad para poder vivirla y, a la vez, poder sentir Paz y Dicha incluso. Estate ahí, con atención, sabiendo siempre que la muerte de hoy será el nacimiento de la resurrección de dentro de tres días. Que así lo vivas.

Cristo Redentor de Río de Janeiro

Publicado por Jave

Soy estudioso en profundidad de UCDM y de LVDM, además soy monitor de Atención Plena o Mindfulness.

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