Deseo, deseo, ah… el deseo.
El gran repudiado, siempre cuestionado,
una y otra vez reprimido y controvertido,
aparece como el culpable de tu dolor
y a la vez,
como el guía a tu felicidad.
Siempre confuso, siempre cambiante,
como si surgiera de tu esencia
y tu, dispuesto a olvidarla,
te distrajeras en la interpretación.
Ah, deseo…
Te deseo repudiar y…
te deseo.
Todo tu camino transcurre sobre el deseo
aunque te hayan hecho renegar de él.
Escúchame bien ahora:
No hay culpa.
No hay lucha en Quien tu eres.
No hay represión, no hay control en tu Ser.
Libérate ahora
y libera al deseo de toda condena y de toda cruz.
Deseo eres tú.
Eres la voluntad de Dios,
el Ser expresándose,
el deseo sin fin.
Jorge Lomar
