Domingo Santo, domingo de resurrección

Creo que no hemos entendido bien lo que quiere decir “resurrección”; vamos a darle una vuelta a esto.

Cuando hablamos de resurrección lo que pensamos es que tras la muerte volvemos a vivir -aunque ya os dije el viernes que en realidad la muerte no existe, solo muere la forma corporal-. Analicemos la resurrección de Cristo para ver algunas claves de esto.

Cristo no resucita de la misma manera en la que vive. Quiero decir, no hay nada corporal en la resurrección de Cristo, ya que ni siquiera es reconocido al ser visto. No resucita el cuerpo, Jesús de Nazaret ya no se presenta como Jesús de Nazaret, sino como el Cristo. Realmente el encuentro con el Cristo resucitado se produce a un nivel mucho más profundo que el corporal, se produce ahí donde el Alma se hace dueña del camino de vuelta a casa, de la vuelta a la casa del Padre, del Abba que nos presentó Jesús de Nazaret. Nuestros ojos, nuestro cuerpo no está preparado para sentir al Cristo sino es con la intervención del auténtico ser que somos, el Alma que somos en realidad. Es ahí en la profundidad de tu Ser dónde tu también puedes encontrar y reconocer al Cristo resucitado, y lo puedes hacer ahora mismo, en este mismo instante. Aquiétate un momento, para de leer y siéntelo, siente al Cristo resucitado en tu corazón, es ahí donde anida, donde vive, donde ha vivido siempre.

Los evangelios nos presentan varias apariciones de Cristo. Nos cuentan también la ascensión de Cristo y, por último, el pentecostés, 50 días después de la muerte y resurrección de Cristo. Y en pentecostés, se nos regala el Espíritu Santo. No porque antes no lo tuviéramos, sino para que tomáramos consciencia de que con el regalo del Espíritu Santo, el Padre nos pone en el mismo lugar que a la Virgen María cuando gracias al Espíritu Santo concibe a Jesús. Nos dice entonces, que en nosotros debemos dar a luz al Cristo. Que estamos llamados a ser el Cristo. Un Cristo resucitado, un Cristo vivo, siempre vivo, hecho del Amor, crecido en el Amor, revestido por el Amor, muerto corporalmente por Amor, y resucitado por el Amor que es el Padre, el Abba.
Tu eres el Cristo en la medida que seas capaz de a Luz al Amor en ti. Cada vez que te muestras como Amor eres el Cristo, cada vez que miras con misericordia a tu hermano eres el Cristo, cada vez que eliges ver al mundo inocente y aceptas cada emoción, cada sentimiento, cada experiencia que viene para ser vivida, eres el Cristo vivo.Felicidades no porque el Cristo haya resucitado según se vive hoy en la iglesia, no. Felicidades porque cada día que eliges el Amor Cristo resucita en ti, vive en ti. Felicidades porque poco a poco, si sigues viviendo en el Amor cada día un poco más, te haces cada vez más el Cristo. Felicidades porque si así lo crees, ahora mismo, en este mismo instante, puedes sentirte y por tanto ser el Cristo vivo.

imagen de freepik.es

Publicado por Jave

Soy estudioso en profundidad de UCDM y de LVDM, además soy monitor de Atención Plena o Mindfulness.

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