Ante cualquier experiencia que sientas, y no me refiero a las pequeñas cosas que nos pasan, sino a cualquiera que nos ocurra en nuestro día a día, hay dos maneras de reaccionar o de elegir reaccionar ante ellas: una adaptada a la situación y otra inadaptada.
Ante una situación que me trae miedo no debo reaccionar con alegría. Ante una situación que me trae alegría no debo reaccionar con miedo.
Pero tampoco debo añadir yo más miedo que el que trae la situación. Y eso quiere decir que sea ecuánime. La situación nunca debe poder ganar, soy yo el que elige la respuesta. Siempre.
Como muestra un botón. Ayer dejé a mi hija Ana en Ceuta porque empieza a estudiar enfermería. Ella ha elegido estudiar enfermería y eso la ha llevado a Ceuta, lejos de su casa y de sus padres. A mí eso me supone no tener cerca a mi hija. Es una mezcla de sentimientos. Por un lado alegría, mucha, por que mi hija avanza en su vida, porque empieza una nueva etapa y lo hace con ilusión. Pero por otro lado también hay pena, mucha, porque no puedes disfrutarla todos los días en casa, y porque en ella también veo la pena de tener lejos a sus padres -suerte que tiene a su abuela, tíos y primas cerca-. Pues cuando viene la pena, hay dejar sentirla, porque es natural, es buena, tan buena como la alegría, ¿por qué no? Te dejas inundar por esa pena sin resistencia, sin ningún problema, siendo consciente de que en realidad he sido yo el que he elegido sentir pena un rato, y por eso, debo dejarme sentir lo que me trae la situación. Eso es maravilloso. Lo que no lo es tanto, es que esa pena se adueñe de mi, me gane y me lleve a estar penoso más rato del adecuado. Y eso es simplemente, porque me resisto a sentir esa pena. Porque me resiste a vivir esta experiencia. Una experiencia que viene para ser vivida, para ser sentida de forma ecuánime. Para ser aceptada. No hacerlo así, da oportunidad a que mi mente pensante, mi parte egóica, se adueñe de mi voluntad y me haga perder la ecuanimidad. Porque me llevará por derroteros feos, lejos de lo que la situación requiere. Pero como es tu mente pensante, tu te crees que es hasta lógico, porque parece razonable. Pero no lo es.
La tarea no es cambiar esos sentimientos, sino tomar consciencia de que tu eliges que sentimientos tener en cada situación. Y aquí viene lo importante de la entrada de hoy. Si no es adaptado, si no es ecuánime, toma consciencia de que tú lo has elegido así. Y no tienes que hacer nada. Sólo dite:
«yo he elegido tomar esta experiencia de forma no adecuada, le pido a mi ser interior que me ayude a ser más ecuánime la próxima vez, en manos de mi ser interior lo dejo».
Jave
Y sigue con tu vida. Dentro de ti hay tanta sabiduría que poco a poco la pondrás en juego, y así irás tomando de forma cada vez más equilibrada la situación que la vida te pone por delante. Y los que ya lleváis tiempo en este camino lo sabéis.
Ánimo para la tarea.


