A veces la vida te trae experiencias de un sufrimiento grande. No puedes salir de él. Te atrapa como si de fango se tratara. Solo puedes dejar pasar el tiempo hasta la emoción que sientes se vaya disminuyendo poco a poco. Porque sabes que pasará. Siempre pasa. Pero tu deseo es que se marche, que desaparezca, que se vaya de una vez. Y eso hace que la emoción te acompañe un rato más. Y ese rato se hace día, y ese día se hace varios días, … y así caes en un pozo del que no sabes salir.
Cuando estés así, obsérvate como si lo que estuvieses viendo no fuese tu vida, sino una película en la cual tú estás interpretando el papel protagonista. Obsérvate como si estuvieses detrás de ese protagonista, siendo capaz de verlo, de observarlo, de mirarlo. Mírate entonces con cariño, con mucho amor, y acepta con amor cada emoción que ves que tiene ese protagonista que eres tú. no quieras huir de ahí, sino, mantente observando cada emoción, abrazándola con amor. Respira, observa, acepta, abraza, el tiempo que sea necesario. Y poco a poco todo se atenuará. Fácilmente. Sin presiones. Sin saber que has hecho ni cómo ni porqué, pero con el sufrimiento atenuado. No busques que desparezca, sino que baje lo suficiente de intensidad para que deje de ser sufrimiento y se convierta en dolor, un dolor que se puede sentir pro que ya no te atrapa.
La observación es un regalo que tienes de forma natural porque tú eres el observador de tu vida, y lo puedes usar cuando te apetezca por derecho propio, por naturaleza propia.

