Degusta este maravilloso poema, pero hazlo con el corazón, deja la mente fuera de este instante. Es de Ryo Kono, mi amigo, mi hermano.
Lo invisible
Para qué sirve una rosa,
si nadie la admira.
Para qué vino a este mundo,
si es tan efímera,
Ay, ceguera mía,
derrochas lo que no ves
y te prendas del mañana:
rosa marchita.

