En la tradición cristiana, el domingo es el día del Señor, en clara alusión a Cristo, el Hijo de Dios. Y eso me hace plantearme como de hijo de Dios soy yo.
El tema debe de estar centrado obviamente en la existencia de Dios, ya que si no existe, esta entrada de hoy no tiene sentido. Así que permitirme que partamos de la certeza de la afirmación de que Dios existe. Aunque el nombre lo puedes cambiar por: el Todo, la Energía, la Vida, el Ser, el Infinito, o simplemente el Amor.
Llamémosle Amor. Pues el Amor existe desde siempre y hasta siempre. Y un día decidió extenderse a Sí Mismo en forma de Hijo a su imagen y semejanza (por tanto Amor puro también, claro), y se partió y repartió en su Único Hijo que tomo mil formas de expresión. Pues bien, una de esas formas de expresión es Jesús de Nazareth, otra expresión soy yo, y otra, eres tú. No puede ser que el Amor creara un hijo mejor que a otro, eso nos situaría como unos hijos de segunda clase y eso no encaja en la poder creativo y compasivo del Amor. Todos somos Cristo, o al menos podemos llegar a serlo y esa es la auténtica misión que tenemos todos en nuestro camino por este mundo, hacernos Cristo, o mejor, dejar que sea Cristo el que viva en nosotros, tal como dijo San Pablo en Gálatas 2,20: «y ya no soy yo quien vive, sino que es Cristo quien vive en mí. Y la vida que ahora vivo en el cuerpo, la vivo por mi fe en el Hijo de Dios, que me amó y se entregó a la muerte por mí«.
Jesús de Nazareth es un alma grandiosa, tal vez la más grande, porque consiguió transcender la muerte con su resurrección tras la cruz en Cristo, eso no hay duda, pero nosotros somos tan Hijos de Dios como Él, y podemos, debemos, dejar nacer al Cristo en nuestro interior, para un día poder decir con honestidad las palabras de San Pablo.
Por tanto, hoy domingo es tu día también, y para eso solo tienes que ser el Amor, ya que si lo eres, en cada uno de esos instantes en que eres el Amor, es Cristo quién actúa en ti, tal vez en un rato dejes de ser Cristo -el Amor-, pero puedes elegir volver a ser de nuevo el Cristo, mostrándote como el Amor que eres.
Que así sea. Amén. Namasté.
