Esta es una frase maravillosa de Un Curso de Milagros. En concreto es la frase de la lección 342 de las 365 que tiene este maravilloso libro.
Apoyándose en varios aspectos en los que el Curso se empeña en repetir hasta la saciedad nos llega esta afirmación de que si deseo que se me conceda el perdón de forma personal, lo mejor es transmitir ese perdón a todas las cosas, a todas las experiencias que vivo, a todas las almas con las que me cruzo en mi experiencia de vida, a todo y a todos. Incluido a mí mismo, mí misma (guiño a la tarea semanal).

Es el mismo Cristo el que nos dice en Lucas 6, 36-38 lo siguiente:
«No juzguéis, y no seréis juzgados; no condenéis, y no seréis condenados; perdonad, y seréis perdonados; dad, y se os dará»
El perdón tiene mucho que ver con el juicio, sin juicio no hay condena, y no hay nada que perdonar. No juzgues, no condenes, y si por cualquier motivo, humano y lógico por otra parte, lo haces, juzgas y/o condenas, pues perdona. Perdona todas las cosas, deja que el perdón descanse sobre todas las cosas, y esta es la mejor manera de asegurarte que el perdón se te concede a tí misma, a tí mismo.
Que así sea. Amén. Namasté.
