«Dios no me ha condenado. Por lo tanto, yo tampoco me he de condenar». Una frase que sirve tanto al creyente como al ateo.

Si, así creo que es. Si eres ateo te vendría muy bien detenerte a leer esto. Porque en una de las muchas cosas en las que somos iguales los creyentes y los ateos es el condenarnos a nosotros mismos. Somos unos expertos en eso. Y tanto si existe un Dios como si no (que existe, no te confundas, jeje) es muy bueno que dejes de condenarte a ti mismo por tus errores.

No creo que sea más fácil para el creyente seguir esta frase, tal vez incluso cueste más, sobre todo si la idea de dios que se tiene está cercana a ese juez justo que impone su ley. Nada más lejos de la realidad. De existir Dios, no tiene más remedio que ser misericordia, no puede ser de otra manera que todo perdón, todo brazos abiertos, porque de existir es el Amor mismo. Y fíjate que te diga, exista o no, el seguirlo es el acto más lúcido que puedes hacer en tu vida. Porque eso te hará feliz, muy feliz. Incluso tras un tiempo empezarías a creer (emoticón de guiño). Pero no nos desviemos, sigamos con la frase.

fotografía de Toño Campoamor

Esta frase: «Dios no me ha condenado. Por lo tanto, yo tampoco me he de condenar» es de un libro del he hablado muchas veces, Un Curso de Milagros. Yo estoy convencido de que Dios no te lleva cuentas. Hagas lo que hagas Dios te sigue mirando con cariño y no te condena. Esto es así, no lo dudes. El problema es que yo me condeno. El problema es que no soy capaz de perdonarme, no soy capaz de ser compasivo conmigo mismo. Soy capaz de ser compasivo con el otro, pero conmigo mismo soy mucho más exigente, y hay algunos que no se dejan pasar una. Ahí está el problema.

Bien, teniendo claro esto, yo me pregunto: ¿te sirve de algo ser así contigo mismo? Si te sirve. Te sirve para verte culpable, te sirve para castigarte. Te sirve para sufrir. Y entonces me nace otra pregunta: ¿esa culpabilidad, ese castigo le sirve a alguien de algo? La respuesta a esa pregunta es rotunda, NO. Solo te sirve a ti para sentirte mal, por que crees que has hecho algo malo y mereces eso, sufrimiento y castigo. ¿Y si, por el contrario, por una vez te perdonaras, te trataras con cariño y te permitieras seguir siendo feliz a pesar del error? ¿qué pasaría? La respuesta es sencilla. En lugar de estar en la culpa y en el sufrimiento estarías en el amor. Los que te rodean, los que tratan contigo en ese momento, si notarán la diferencia, porque tu vibración será superior -por cuando estás en amor vibras más alto, tendrás una vibración superior a la que tienes cuando estás en culpa y sufrimiento- y ellos se sentirán mejor estando contigo que si siguieras con la culpa encima. De esta manera tu y los que te rodean se benefician de tu no condenación. Y eso hará que lo que suceda en esos instantes sea algo bueno, algo bello, algo amoroso. Creo que no hay más que añadir

Publicado por Jave

Soy estudioso en profundidad de UCDM y de LVDM, además soy monitor de Atención Plena o Mindfulness.

Un comentario en “«Dios no me ha condenado. Por lo tanto, yo tampoco me he de condenar». Una frase que sirve tanto al creyente como al ateo.

Deja un comentario