Hablando con mi sobrina Laura sobre la charla del miércoles, me dijo que lo que más le cuesta es sentirse identificado con el Amor que yo digo que es, en concreto me decía que: «Yo soy consciente de que puedo desprender amor y luz, pero aún no he interiorizado que yo lo sea en sí«.
El que tu seas el Amor en sí mismo no es una verdad que podamos entender con la cabeza. La cabeza lo va a negar porque si tu te identificas con el Amor la cabeza pierde su sitio, y dejará poco a poco de ser la dueña de tu vida. Aunque de nuevo, esta frase que te acabo de decir será rechazada por tu cabeza. Todo se trata de bajar poco a poco desde la cabeza al corazón. Todo se trata de dejar de pensar con la cabeza y hacerlo con el corazón. No es que la cabeza piense mal, no, ni mucho menos, es una maravilla de la evolución el que nuestra cabeza funcione de manera tan espectacular y magnífica. Me refiero a esa mente pensante, a esa cabeza que te tiene permanentemente pensando en el pasado y en el futuro, que permanentemente te hace juzgar cada cosa que ves, cada acontecimiento que vives, que permanentemente te tiene ocupado, ocupada, sin dejarte en silencio, en calma, sin dejarte vivir el instante presente.

Pero si la mente pensante no me deja ver esa verdad, ¿que puedo hacer entonces? Sentir esa verdad. Y eso es fácil. Porque cómo muy bien dice mi querida Laura, «yo soy consciente de que puedo desprender amor y luz», y es importante que tú también seas consciente de que puedes desprender amor y luz. Así es. Y el punto clave está en que cuando lo haces, cuando te das en forma de Amor y Luz, entonces te siente bien, muy bien, te sientes más ancho, más pleno, más dichoso, más coherente, y eso es porque tocas ser lo que realmente eres. Ahí está todo. Cuando me muestro con Amor entonces me siento tal y como soy en realidad, de ahí esa sensación de plenitud. Y eso no se piensa, se siente -o se piensa con el corazón-. Y eso es lo que eres. Cuando te muestras desemejante al Amor, no te sientes bien, no eres coherente con lo que eres en realidad y de ahí deriva el malestar, porque no eres eso.
En cualquier caso, el proceso de interiorización, de que yo soy Amor va poco a poco, y va en tanto en cuanto me muestro como el Amor que soy. Poco a poco, a fuego lento, cómo se cuecen las cosas que tienen mejor sabor. Poco a poco, con la perseverancia de mostrarme como el amor que soy día a día, instante a instante, independientemente de lo que vea ahí fuera. Siempre alineado con lo que soy, y Yo Soy el Amor.
