Para ser consciente de esta verdad, tan solo debes cambiar tu enfoque.
Si te enfocas hacia fuera, quiero decir, si tu relación con el mundo es que es el mundo el que va presentando experiencias y tú solo puedes reaccionar ante esas experiencias de la manera que sabes, entonces esta verdad deja de serlo para ti. No puedes hacer nada. Siempre estarás a merced de las experiencia que la vida te vaya proponiendo por delante.

Pero vamos a darle la vuelta. Vamos a pensar que el dueño de mi vida soy yo, y solo yo. Vamos a partir de la premisa que da igual lo que suceda ahí fuera, yo siempre puedo elegir cómo sentirme ante esa experiencia. Yo elijo en cada momento como vivir la experiencia que toca vivir. Eso me sitúa a mi como responsable de todo lo que siento, y me da la oportunidad de ser el director de mi vida, y no un simple actor a merced del guión que otro ha hecho.
Bajo esa perspectiva, toda experiencia es una oportunidad de aprendizaje. Aprender quién soy. Cómo reacciono. Como me muevo ante las experiencias que tocan vivir. Qué es lo que me emociona, y que no. Cómo debo ir entrando cada vez más en mi interior porque ahí hay una fuente de fuerza inagotable que me hace vivir desde otro sitio, más calmado, más luminoso, más dichoso.
Dale la vuelta y aprovecha todo lo que la vida te pone por delante para crecer en conocerte cada vez más. Aprovecha para acercarte cada vez más a lo que eres en realidad. Aprovecha para ser responsable de tu vida, más consciente de tu vida y así emergerá el maravilloso Ser que habita en tu interior.
Vamos, dale la vuelta y dite «estoy justo en el lugar en el que debo estar, siempre».
